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¡Decepcionante el Siglo XXI!

¡Decepcionante el Siglo XXI!

Las guerras se han adueñado del utópico Siglo XXI

Por Rafael Daniel

Una buena parte de la humanidad disfruta de los beneficios de  grandes acontecimientos de la Ciencia y de la Tecnología, logrados por el hombre en poco más de una década y podemos afirmar, sin temor a equivocaciones,  que en ese breve período, coincidente con el comienzo del nuevo milenio, se ha avanzado mucho más que en el anterior siglo y esa etapa superó también lo acontecido en toda la historia de la humanidad.

 Un alto porcentaje de lo que el hombre consideraba ciencia-ficción dejó de serlo  para convertirse en absoluta realidad y desaparecieron muchos “imposibles”, desde la comunicación celular  inmediata intercontinental hasta los infinitos recursos que nos ofrece la computación.

 No se pueden separar esos acontecimientos de otros que, al cursar del tiempo, también tuvieron extraordinaria notoriedad como la invención de la rueda, la pólvora, la imprenta, la máquina de vapor, la bomba atómica, el automóvil, el avión o los viajes espaciales, por sólo mencionar algunos.

 La historia de la humanidad es pródiga y aún nos asombra llegar hasta aquí, donde estoy sentado ahora, frente a una pequeña, pero extraordinaria máquina, mediante la cual soy capaz de saber, en tan sólo segundos, acerca de los más prominentes e incalculables temas que me puedan interesar.

 Incluso, esto que escribo ahora podrá leerse en cualquier parte del mundo en el menor tiempo posible, solamente en el relampagueante lapso que nos lleve ubicarlo en un sitio digital. Unas pocas décadas atrás esto era inimaginable y si a alguien se le hubiera ocurrido comentar algo parecido en los tiempos de la brutal Inquisición, hubiera muerto -sin remedio-  en la hoguera.

 Para quiénes tuvimos la oportunidad de vivir durante una buena parte del siglo XX,  el XXI se presentaba como un período de esperanzas, en el que la humanidad encontraría respuesta a muchas de sus inconformidades.

 A nadie se le ocurría pensar que en los primeros años del actual milenio todavía hubiera  hombres viviendo en la era paleolítica, como ocurre en la geografía del continente africano o en el cono sur americano.

 En nuestra utopía descartábamos la posibilidad de guerras, al imaginar una extraordinaria unidad universal y hasta llegamos a pensar en que la palabra amor al fin tendría su necesario significado y que desaparecerían -por acuerdo del sentido común de los hombres- las armas de destrucción masiva.

 Pero, la cruda e irrefutable realidad destruye de manea implacable aquellos sueños. El hombre es cada vez más cruel con el mismo hombre, los artefactos bélicos son cada vez más demoledores y los poderosos, encabezados por Estados Unidos, arremeten su desmedida ira imperial contra los más débiles.

 Mientras unos pocos se enriquecen,  centenares de millones viven en la más absoluta pobreza, con su secuela de hambruna,  analfabetismo, discriminación y las más disímiles muestras de abusos y explotación.

 La despiadada voracidad hizo trizas los cuentos infantiles de las “Mil y una noches”, al convertir a la mítica Bagdad en un infierno, tal como hicieron con Afganistán o Libia y más recientemente con la pretendida invasión colonial a Mali.

 Los más aberrantes intereses políticos y económicos rigen la arena internacional que acapara a todo el globo terráqueo, pues no son solamente los países del mundo árabe los más afectados.

 Quiénes se niegan a cumplir sus designios en América, son salvamente condenados. La heroica isla de Cuba es víctima de las sombrías intenciones de su agresividad durante más de cincuenta años.

 Tentativas de golpes de Estado en Venezuela, Ecuador y expresos en Honduras,  Paraguay y acciones solapadas en otros países de sur, como Bolivia o Nicaragua y se oponen insolente y abiertamente al reclamo de Argentina sobre Las Malvinas, colonizadas por el Reino Unido.

La presente centuria no ha respondido a ninguna esperanza favorable,  por el contrario se acrecientan las expectativas de  desaparición de la humanidad, a lo que se suman los peligros del cambio climático.

 Las ansiadas ilusiones se han estrellado contra la realidad de un decepcionante Siglo XXI.

 

La satanización: arma mediática de los imperialistas

Por Rafael Daniel

Paulatinamente y desde hace varios años los países del sur de América han dejado de ser el traspatio de los Estados Unidos, algo totalmente inexplicable para los tanques pensantes que rigen los destinos imperialistas.

Esa dura realidad para los enemigos de los pueblos conlleva a estrategias con el objetivo de desacreditar a quiénes no cumplen con sus mandatos hegemónicos.

El desprestigio y la satanización de los líderes populares es una de sus armas preferidas, práctica esgrimida desde los tiempos de la guerra fría con la Unión Soviética y el desaparecido campo socialista y, por supuesto, Cuba no escapó ni escapa a feroces campaña desacreditativas.

Recordamos como en los primeros años de la Revolución arremetieron contra la familia cubana cuando amedrentaban a las madres con atrocidades absurdas, tales como que le iban a quitar a sus hijos para lavarles el cerebro en Rusia y allí surgió la brutal y despiadada Operación Peter Pan, mediante la cual se enviaron miles de niños solos hacia Estados Unidos y muchos de ellos fueron blanco de desgarradoras realidades que van desde disímiles maltratos, violación, prostitución hasta la esclavitud infantil. (Yo casi fui una de esas víctimas)

El Comandante en Jefe Fidel Castro ha sido uno de los líderes más demonizados, junto a otros dirigentes de la Revolución a quiénes se les atribuyen diabólicas acciones.

Muchas personas que vienen por primera vez a Cuba se asombran con la tranquilidad ciudadana que reina en la mayor de La Antillas en contraposición con la burda propaganda de los medios en sus países de origen, incluyendo los libelos que publican esas falsedades por Internet.

La avalancha mediática se lanza ahora contra los mandatarios latinoamericanos que han pasado la prueba de fuego en elecciones libres, transparentes, democráticas, al modo que preconizan los históricos rivales del mundo, pero con limpieza comprobada y absoluta.

Correa, Lula, Dilma, Cristina, Daniel, Lugo, Evo y Chávez, entre otros, han sido involucrados en hechos y acciones difamatoria con el único objetivo de desacreditarlos. La guerra mediática contra todo el que “le huela la boca a ajo”, como decimos los cubanos, es cruel e infame.

Arremeten contra todo, hasta con infelices argumentos que por suerte ya no logran hacer mella en las mayorías, aunque haya incautos que se dejan engañar.

Por ejemplo, a pesar de la transparencia del proceso electoral venezolano, Chávez sigue siendo un “dictador antipopular”, no obstante su triunfo electoral gracias a los millones que votaron por él en contraposición con la también alta cifra que lo hizo por Capriles, quien goza de la preferencia de la oligarquía proimperialista y tenía a su favor la enorme potencia de la fuerza mediática en contra de la reelección de su virtuoso y carismático rival.

Es muy posible que los norteamericanos (Léase EE.UU) hayan dejado cesante de sus cargos a la enorme cantidad de tanques pensantes, quiénes ganan enorme sumas de dinero sólo por aportar ideas y fórmulas en aras de mantener la hegemonía imperialista en el planeta.

Pero repito parte del comienzo de este trabajo pues desde hace varios años los países del sur de América han dejado de ser el traspatio de los Estados Unidos, por tanto, permítanme utilizar una frase, tal vez inapropiada, pero que resulta muy eficaz en Cuba: “Se cogieron el (….) con la puerta”

¡Tus reyes son pobres!

¡Tus reyes son pobres!

¿Habrá Día de Reyes para este niño?

Por Rafael Daniel

Así, con esas cuatro palabras se acababan las ilusiones  del Día de Reyes para mí y para muchos niños  del barrio. En un santiamén la cruel realidad se abría paso y hacía trizas a nuestros sueños infantiles.

 La flamante bicicleta Niagara, el traje de vaquero a lo Roy Rogers, con sus respectivas pistolas; o el de pelotero con guante y pelota Wilson a lo MIñoso; la maquinita eléctrica y las más disímiles cosas que afloraban a nuestras inocente mentes nunca aparecieron por ninguna parte.

 Se desbarataban así las quimeras que con tanto fervor le pedíamos en nuestras “carticas” y le sugeríamos a  Gaspar Melchor y Baltasar, aquellos nobles y benefactores reyes que, según la leyenda, atravesaban desiertos en sus camellos para dotar de juguetes a todos los niños que conformaban la humanidad.

 Los que teníamos la suerte de encontrar algo, veíamos los mismos juguetes de todos los años: la pistolita de fulminante, en el mejor de los casos, la maquinita rústica de palo.la yunta de bueyes de botella, las muñequitas de trapo y uno que otro caramelo y en la mejor de las ocasiones un papel con la recomendación de un político de turno para acudir a la caridad “gubernamental” y fajarse con miles que asistían  la Feria Gnadera espirituana –en otros lugares no sé donde sería- a buscar entre un amasijo de juguetes baratos, algo para satisfacer un tanto los sueños desbaratados, sin embargo la inmensa mayoría regresaba a sus humildes hogares con las manos vacías.

 Otros, casi todos, ni siquiera eso. Para ellos no había ni tan siquiera la ilusión de la carta de los Reyes Magos. Esos ni siquiera conocían la “existencia” de tales monarcas. Unos durmiendo en portales  tapados con periódicos, o con una imagen sacra en una mano y en la otra esperando la necesaria limosna para intentar subsistir.

 Para ellos los reyes no eran pobres como los míos, sino que simplemente no había reyes. Y me molesta como en Cuba todavía haya personas anhelando aquella fantasía de los Reyes Magos. Quizás a ellos sÍ le dejaban regalos debajo de las camas, cuando se convertían en hormiguitas para pasar por debajo de la puerta a dejar su carga..

 ParA la inmensa mayoría –igual que muchos millones en el mundo, -. que se agachaban debajo del lecho -si es que lo tenía- estaba,  como decía el tango de Gardel, la cama  vacía.

Fidel reconstruye último combate del Che en prólogo al Diario en Bolivia

Fidel reconstruye último combate del Che en prólogo al Diario en Bolivia

Prólogo de Fidel al Diario del Che en Bolivia

Una introducción necesaria

Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un Diario personal sus observaciones de cada día. En las largas marchas por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos, cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las mochilas, las municiones y las armas, se detenían un instante a descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final de fatigosa jornada, se veía al Che -como cariñosamente lo bautizaron desde el principio los cubanos- extraer una pequeña libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus notas.

Lo que pudo conservar de esos apuntes le sirvió luego para escribir sus magníficas narraciones históricas de la guerra revolucionaria en Cuba, llenas de contenido revolucionario, pedagógico y humano.

Esta vez, gracias a aquel invariable hábito suyo de ir anotando los principales hechos de cada día, podemos disponer de una información pormenorizada, rigurosamente exacta e inapreciable de aquellos heroicos meses finales de su vida en Bolivia.

Esas anotaciones, no escritas propiamente para la publicación, le servían como instrumento de trabajo para la evaluación constante de los hechos, las situaciones y los hombres, a la vez que daban cauce a las expresiones, de su espíritu profundamente observador, analítico, y muchas veces matizado de fino humorismo. Están sobriamente redactadas y poseen ininterrumpida coherencia desde el principio hasta el fin.

Téngase en cuenta que fueron escritas en los ratos escasísimos de descanso, en medio de épico y sobrehumano esfuerzo físico y de sus agotadoras obligaciones como jefe de un destacamento guerrillero en la difícil etapa de los comienzos de una lucha de esta naturaleza, que se desenvolvía en condiciones materiales increíblemente duras, lo que revela una vez más su estilo de trabajo y su voluntad de hierro.

En este Diario, al analizar en detalle los incidentes de cada día, se hacen constar faltas, críticas y recriminaciones que son propias e inevitables en el desarrollo de una guerrilla revolucionaria.

En el seno de un destacamento guerrillero esas críticas se tienen que producir incesantemente, sobre todo en la etapa en que está constituido sólo por un pequeño núcleo, enfrentados a condiciones materiales sumamente adversas y a un enemigo infinitamente superior en número, cuando el menor descuido o la más insignificante falta pueden resultar fatales y el jefe debe ser exhaustivamente exigente, a la vez que utilizar cada hecho o episodio, por insignificante que parezca, para educar a los combatientes y futuros cuadros de los nuevos destacamentos guerrilleros.

El proceso de formación de la guerrilla es un incesante llamado a la conciencia y al honor de cada hombre. El Che sabía tocar las fibras más sensibles de los revolucionarios. Cuando Marcos, reiteradamente amonestado por el Che, fue advertido de que podía ser expulsado deshonrosamente de la guerrilla, respondió:

“¡Antes fusilado!” Más adelante dio su vida heroicamente. Similar fue el comportamiento de todos los hombres en los que puso su confianza y a los cuales se vio en la necesidad de amonestar por alguna u otra causa en el transcurso de la lucha. Jefe fraternal y humano sabía también ser exigente y en ocasiones severo; pero lo era en primer lugar y en mayor grado que con los demás, consigo mismo. Che basaba la disciplina en la conciencia moral del guerrillero y en la fuerza tremenda de su propio ejemplo.

El Diario contiene también numerosas referencias a Debray y evidencian la enorme preocupación que suscitó en el Che el arresto y encarcelamiento del escritor revolucionario a quien había encomendado una misión en Europa, aunque en el fondo habría deseado que aquél permaneciera en la guerrilla. Por eso manifiesta cierta inconformidad, y en ocasiones algunas dudas, sobre su comportamiento.

Che no tuvo posibilidad de conocer la odisea vivida por Debray en las garras de los cuerpos represivos y la actitud firme y valerosa mantenida por este ante sus captores y torturadores.

Destacó, sin embargo, la enorme importancia política del proceso, y, el 3 de octubre, seis días antes de su muerte, en medio de amargos y tensos sucesos, consigna: “Se escuchó una entrevista de Debray muy valiente frente a un estudiante provocador”, siendo ésta su última referencia al escritor.

Como en este Diario la Revolución Cubana y sus relaciones con el movimiento guerrillero aparecen reiteradamente señaladas, algunos pudieran interpretar que su publicación por nuestra parte constituye un acto de provocación que dará argumentos a los enemigos de la Revolución y a los imperialistas yanquis y sus aliados, los oligarcas de América Latina, para redoblar sus planes de bloqueo, aislamiento y agresión a Cuba.

A los que así juzgan los hechos, es bueno recordarles que el imperialismo yanqui no ha necesitado nunca de pretextos para perpetrar sus fechorías en cualquier lugar del mundo y que sus esfuerzos para aplastar la Revolución Cubana se iniciaron desde la primera ley revolucionaria promulgada en nuestro país, por el obvio y conocido hecho de que ese imperialismo es el gendarme de la reacción mundial, promotor sistemático de la contrarrevolución y protector de las estructuras sociales más retrógadas e inhumanas que subsisten en el mundo.

La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz, que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino solidarizarse de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y esclavización del mundo.

Cuba es un pequeño país de economía subdesarrollada, como todos los que fueron durante siglos dominados y explotados por el colonialismo y el imperialismo, situada sólo a 90 millas de las costas de Estados Unidos, con una base naval yanqui en su propio territorio, que se enfrenta a numerosos obstáculos por llevar a cabo su desarrollo económico-social. Grandes peligros se han cernido sobre nuestra Patria desde el triunfo de la Revolución, pero no por ello conseguirá el imperialismo doblegarla, sin que deban importarnos las dificultades que una línea revolucionaria consecuente pueda conllevar.

Desde el punto de vista revolucionario la publicación del Diario del Che en Bolivia no admite alternativa. El Diario del Che quedó en poder de Barrientos, que de inmediato entregó copia a la CIA, al Pentágono y al gobierno de Estados Unidos. Periodistas allegados a la CIA tuvieron acceso al documento en la propia Bolivia y sacaron copias fotostáticas del mismo, aunque con el compromiso de abstenerse, por el momento, de publicarlo.

El gobierno de Barrientos y los más altos jefes militares tienen sobradas razones para no publicar el Diario, donde se puede constatar la inmensa incapacidad de su ejército y las incontables derrotas que sufrieron en manos de un puñado de guerrilleros decididos que en unas pocas semanas le arrebató en combate cerca de doscientas armas.

Che describe además a Barrientos y su régimen en los términos a que es acreedor con palabras que no podrán borrarse de la historia.

Por otro lado, el imperialismo tenía también sus razones: Che y su ejemplo extraordinario cobran fuerza cada vez mayor en el mundo. Sus ideas, su retrato, su nombre, son banderas de lucha contra las injusticias entre los oprimidos y los explotados y suscitan interés apasionado entre los estudiantes y los intelectuales de todo el mundo.

En los propios Estados Unidos el movimiento negro y los estudiantes progresistas, que son cada vez más numerosos, han convertido en algo suyo la figura del Che. En las manifestaciones más combativas por los derechos civiles y contra la agresión a Vietnam, sus retratos son esgrimidos como emblemas de lucha. Pocas veces en la historia, o tal vez nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal celeridad y apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma más pura y desinteresada el espíritu internacionalista que caracteriza al mundo de hoy y cada vez al de mañana.

De un continente oprimido ayer por las potencias coloniales, explotado hoy y mantenido en el retraso y en el subdesarrollo más inicuo por el imperialismo yanqui, surge esa singular figura que se convierte en aliento universal de lucha revolucionaria hasta en las propias metrópolis imperialistas y colonialistas.

Los imperialistas yanquis temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario, expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera escrita al calor y la tensión de cada día, pólvora inflamable, demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente frente a los esclavizadores de pueblos y sus ejércitos mercenarios, lo que les ha impedido hasta hoy darlo a la publicidad.

Pudieran estar también interesados en que este Diario no se conociera nunca. Los seudorrevolucionarios, oportunistas y charlatanes de toda laya, que autoconceptuándose marxistas, comunistas y otros títulos por el estilo, no han vacilado en calificar al Che de equivocado, aventurero, y cuando más begnignamente, idealista, cuya muerte es el canto de cisne de la lucha armada revolucionaria en América Latina. “¡Si el Che -exclaman-, máximo exponente de esas ideas y experimentado guerrillero, fue muerto en las guerrillas y su movimiento no liberó a Bolivia, eso demuestra cuán equivocado estaba…!” ¡Cuántos de estos miserables se habrán alegrado de la muerte del Che, sin sonrojarse siquiera de pensar que sus posiciones y razonamientos coinciden por entero con los de los oligarcas más reaccionarios y el imperialismo!

De este modo se justifican a sí mismos, o justifican a dirigentes traidores que en determinado momento no vacilaron en jugar a la lucha armada con el verdadero propósito -según se pudo ver luego- de destruir a los destacamentos guerrilleros, frenar la acción revolucionaria e imponer sus vergonzosas y ridículas componendas políticas, porque eran absolutamente incapaces de ninguna otra línea; o a los que no quieren combatir, ni combatirán jamás, por el pueblo y su liberación y han caricaturizado las ideas revolucionarias haciendo de ellas opio dogmático sin contenido ni mensaje a las masas, y convertido las organizaciones de lucha del pueblo en instrumentos de conciliación con los explotadores internos y externos, y propugnadoras de políticas que no tienen nada que ver con los intereses reales de los pueblos explotados en este continente.

Che contemplaba su muerte como algo natural y probable en el proceso y se esforzó en recalcar, muy especialmente en sus últimos documentos, que esa eventualidad no impediría la marcha inevitable de la revolución en América Latina. En su mensaje a la Tricontinental reiteró ese pensamiento: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo… En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas”.

Se consideró a sí mismo soldado de esa revolución, sin preocuparle en absoluto sobrevivir a ella. Los que ven en el desenlace de su lucha en Bolivia el fracaso de sus ideas, con el mismo simplismo pudieran negar la validez de las ideas y las luchas de todos los grandes precursores y pensadores revolucionarios, incluidos los fundadores del marxismo, que no pudieron culminar la obra y contemplar en vida los frutos de sus nobles esfuerzos.

En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a las que siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del imperialismo, pudieron impedir a la larga el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos.

En el Diario del Che se pueden apreciar cuán reales eran sus posibilidades de éxito y cuán extraordinario el poder catalizador de la guerrilla, como él consigna en sus apuntes. En cierta ocasión, ante los evidentes síntomas de debilidad y rápido deterioro del régimen boliviano, expresó: “El gobierno se desintegra rápidamente, lástima no tener cien hombres más en este momento”.

Che conocía por su experiencia en Cuba cuántas veces nuestro pequeño destacamento guerrillero estuvo a punto de ser exterminado. Pudo ocurrir así en dependencia casi absoluta de los azares e imponderables de la guerra, mas, tal eventualidad, ¿habría dado a nadie el derecho a considerar errónea nuestra línea y tomarla además como ejemplo para desalentar a la revolución e inculcar en los pueblos la impotencia? ¡Muchas veces en la historia los procesos revolucionarios estuvieron precedidos de episodios adversos! Nosotros en Cuba, ¿no tuvimos acaso la experiencia del Moncada apenas seis años antes del triunfo definitivo de la lucha armada del pueblo?

Para muchos, entre el 26 de julio de 1953, ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y el 2 de diciembre de 1956, desembarco del “Granma”, la lucha revolucionaria en Cuba frente a un ejército moderno y bien armado carecía de toda perspectiva y la acción de un puñado de luchadores era vista como quimera de idealistas e ilusos “que estaban profundamente equivocados”. La derrota aplastante y la dispersión total del inexperto destacamento guerrillero el 5 de diciembre de 1956 pareció confirmar por entero los pesimistas augurios… Pero, sólo 25 meses después, los restos de aquella guerrilla habían desarrollado ya la fuerza y experiencia necesarias para aniquilar aquel ejército.

Para no luchar habrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas y en todas las circunstancias, pero será el único camino de no obtener jamás la libertad. El Che no sobrevivió a sus ideas, pero supo fecundarlas con su sangre. Con toda seguridad sus críticos seudorrevolucionarios, con su cobardía política y su eterna falta de acción, sobrevivirán a la evidencia de su propia estupidez.

Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el título de Secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que alegó, además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto, le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa.

Mario Monje, por supuesto, no tenía ninguna experiencia guerrillera ni había librado jamás un combate, sin que por otro lado su autoconceptuación de comunista lo obligase siquiera a prescindir del grosero y mundano chovinismo que ya habían logrado superar los próceres que lucharon por la primera independencia.

Con semejante concepto de lo que debe ser la lucha antimperialista en este continente, tales “jefes comunistas” no han rebasado siquiera el nivel internacionalista de las tribus aborígenes que sojuzgaron los colonizadores europeos en la época de la conquista.

Así, el jefe del Partido Comunista de un país que se llama Bolivia, y su capital histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores que eran venezolanos uno y otro, que tuvo la posibilidad de contar para la definitiva liberación de su pueblo con la cooperación del talento político, organizador y militar de un verdadero titán revolucionario, cuya causa por demás no se limitaba a las fronteras estrechas, artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra cosa que entrar en vergonzosos, ridículos e inmerecidos reclamos de mando.

Bolivia, por no tener salida al mar necesita más que ningún otro país, para su propia liberación, sin tener que exponerse a un atroz bloqueo, del triunfo revolucionario de los vecinos. Che era, además, por su prestigio enorme, su capacidad y su experiencia, el hombre que habría podido acelerar ese proceso.

Che había establecido relaciones con dirigentes y militantes del Partido Comunista boliviano, desde antes de producirse en el mismo la escisión, recabando de ellos la ayuda para el movimiento revolucionario en América del Sur. Algunos de esos militantes, autorizados por el Partido, trabajaron con él durante años en diversas tareas. Al producirse la escisión en dicho Partido, se creó una situación especial puesto que varios militantes de los que habían estado trabajando con él quedaron ubicados en uno u otro grupo. Pero Che no concebía la lucha en Bolivia como un hecho aislado sino como parte de un movimiento revolucionario de liberación que no tardaría en extenderse a otros países de América del Sur. Era su propósito organizar un movimiento sin espíritu sectario, para que a él se incorporasen todos los que quisieran luchar por la liberación de Bolivia y demás pueblos sojuzgados por el imperialismo en América Latina. Pero en la fase inicial de preparación de la base guerrillera venía dependiendo fundamentalmente de la ayuda de un grupo de valiosos y discretos colaboradores que al producirse la escisión habían permanecido en el Partido de Monje. Fue por deferencia con ellos que invitó, en primer término, a éste, a visitar su campamento, aunque ciertamente no experimentaba hacia él ninguna simpatía. Después invitó a Moisés Guevara, líder minero y político que se había separado de aquel Partido para cooperar en la formación de otra organización, y que luego también se había marginado de ella inconforme con Oscar Zamora, otro Monje que hacía algún tiempo se había comprometido con el Che a trabajar en la organización de la lucha armada guerrillera en Bolivia, rehuyendo después los compromisos y cruzándose cobardemente de brazos a la hora de la acción, para convertirse con posterioridad a su muerte en uno de sus más venenosos críticos, en nombre del “marxismo-leninismo”. Moisés Guevara se unió sin vacilación al Che, como le había ofrecido desde mucho antes de que éste llegara a Bolivia, le brindó su apoyo y entregó su vida heroicamente a la causa revolucionaria.

Otro tanto hizo el grupo de guerrilleros bolivianos que había permanecido hasta entonces en la organización de Monje. Dirigidos por Inti y Coco Peredo, que después demostraron ser valerosos y destacados combatientes, se apartaron de aquél y respaldaron decididamente al Che. Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas las condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros.

Che fue hombre al que nunca le interesaron personalmente cargos, mandos ni honores, pero estaba firmemente convencido de que en la lucha revolucionara guerrillera -fundamental forma de acción para la liberación de los pueblos de América Latina, partiendo de la situación económica, política y social de casi todos los países latinoamericanos- el mando militar y político de la guerrilla debía estar unificado y que la lucha sólo podía ser dirigida desde la guerrilla y no desde cómodas y burocráticas oficinas urbanas. Y en este punto no estaba dispuesto a transigir, ni a entregarle a un inexperto seso-hueco de estrechas miras chovinistas el mando de un núcleo guerrillero destinado a desenvolver en su ulterior desarrollo una lucha de amplia dimensión en América del Sur. Che consideraba que ese chovinismo, que muchas veces infecta a los propios elementos revolucionarios de los diversos países de América Latina, debía ser combatido como un sentimiento reaccionario ridículo y estéril. “Que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario -dijo en su mensaje a la Tricontinental-… la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia…, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y deseable para un americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo. Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego a la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado”.

Che pensaba igualmente que en el destacamento guerrillero participasen combatientes de distintos países latinoamericanos y que la guerrilla en Bolivia fuese escuela de revolucionarios que harían su aprendizaje en los combates. A su lado quiso tener para ayudarlo en esa tarea, junto a los bolivianos, un pequeño núcleo de guerrilleros con experiencia, que habían sido casi todos compañeros suyos en la Sierra Maestra, durante la lucha revolucionaria en Cuba, cuya capacidad, valor y espíritu de sacrificio conocía. De esos hombres ninguno vaciló en responder a su solicitud, ninguno lo abandonó y ninguno se rindió.

Che actuó en su campaña de Bolivia con el tesón, la maestría, el estoicismo y la ejemplar actitud que eran proverbiales en él. Puede decirse que impregnado de la importancia de la misión que se había asignado a sí mismo, procedió en todo instante con un espíritu de responsabilidad irreprochable. En aquellas ocasiones en que la guerrilla cometía algún descuido, se apresuraba en advertirlo y enmendarlo, consignándolo en su Diario.

Factores adversos se combinaron increíblemente en su contra. La separación -que debía ser por unos breves días- de una parte de la guerrilla, donde se encontraba un grupo valioso de hombres, algunos de ellos enfermos o convalecientes, al perderse el contacto entre ambos en un terreno sumamente accidentado, se prolongó durante interminables meses, que ocuparon el esfuerzo de Che en su búsqueda. En ese período el asma -una dolencia que solía dominar fácilmente con sencillos medicamentos, pero que faltando éstos se convertía para él en un terrible enemigo- lo atacó despiadadamente, deviniendo esto en un problema serio por el hecho de que las medicinas que previsoriamente había acumulado para la guerrilla fueron descubiertas y ocupadas por el enemigo. Este hecho, unido al aniquilamiento a fines de agosto de la parte de la guerrilla con la que había perdido el contacto, fueron factores que gravitaron considerablemente en el desarrollo de los acontecimientos. Pero Che, con voluntad de acero, se sobrepuso al malestar físico y en ningún instante su acción aminoró, ni decayó su ánimo.

Fueron numerosos sus contactos con los campesinos bolivianos. El carácter de éstos, sumamente desconfiados y cautelosos, no podía sorprender al Che, que conocía perfectamente bien su mentalidad por haberlos tratado en otras ocasiones, y sabía que para ganarlos a su causa se requería una labor prolongada, ardua y paciente, pero no albergaba ninguna duda de que a la larga lo obtendría.

Si se sigue con cuidado el hilo de los acontecimientos se verá que aun cuando el número de hombres con que contaba en el mes de septiembre, algunas semanas antes de su muerte, era muy reducido, todavía la guerrilla mantenía su capacidad de desarrollo y algunos cuadros bolivianos, como los hermanos Inti y Coco Peredo, se iban ya destacando con magníficas perspectivas de jefes. Fue la emboscada de Higueras, única acción exitosa del ejército contra el destacamento que mandaba el Che, matándole la vanguardia e hiriéndole varios hombres más en pleno día, cuando se trasladaban a una zona campesina de mayor desarrollo político -objetivo este que no aparece consignado en el Diario, pero que se sabe por los sobrevivientes-, lo que les creó una situación insuperable. Ese avance de día por la misma ruta que venían siguiendo durante varias jornadas en inevitablemente amplio contacto con los moradores de aquella zona que cruzaban por primera vez, y la obvia certeza de que el ejército debería interceptarlos en algún punto, era sin duda peligroso. Pero el Che, plenamente consciente de esto, decidió correr el riesgo para ayudar al médico que venía en muy mal estado físico.

El día anterior a la emboscada, escribe: “Llegamos a Pujio, pero allí había gente que nos había visto abajo el día anterior, vale decir: estamos siendo previstos por Radio Bemba…” “El caminar en mulo se hace peligroso, pero trato que el médico vaya lo mejor posible pues viene muy débil”.

Al día siguiente escribió: “A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre las mulas y el médico”. Es decir, buscaba una solución para el enfermo, a fin de abandonar aquella ruta y tomar las precauciones necesarias. Pero aquella misma tarde, antes de que la vanguardia llegara a Jagüey se produjo la fatal emboscada que llevó al destacamento a una situación insostenible.

Días después, cercado en la quebrada del Yuro, libró su último combate.

Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que desenvolvían su acción constituye una insuperable página de heroísmo. Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres.

Che dijo un día a los guerrilleros en Bolivia: “Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres; los que no puedan alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben decirlo y dejar la lucha”.

Los que con él lucharon hasta el final se hicieron acreedores a estos honrosos calificativos. Ellos simbolizan el tipo de revolucionarios y de hombres a quienes la historia en esta hora convoca para una tarea verdaderamente dura y difícil: la transformación revolucionaria de América Latina.

El enemigo que enfrentaron los próceres de la primera lucha por la independencia, era un poder colonial decadente. Los revolucionarios de hoy tienen por enemigo al baluarte más poderoso del campo imperialista, equipado con la técnica y la industria más moderna. Ese enemigo no sólo organizó y equipó de nuevo un ejército en Bolivia, donde el pueblo había destruido la anterior fuerza militar represiva y le brindó inmediatamente el auxilio de sus armas y asistentes militares para la lucha contra la guerrilla, sino que brinda su aporte militar y técnico en la misma medida a todas las fuerzas represivas de este continente. Y cuando no bastan esas medidas, interviene directamente con sus tropas, como hizo en Santo Domingo.

Para luchar contra ese enemigo se requiere el tipo de revolucionarios y de hombres de que habló el Che. Sin ese tipo de revolucionarios y de hombres, dispuestos a hacer lo que ellos hicieron; sin el ánimo de enfrentarse a enormes obstáculos que ellos tuvieron; sin la decisión de morir que a ellos los acompañó en todo instante; sin la convicción profunda de la justicia de su causa y la fe inconmovible en la fuerza invencible de los pueblos que ellos albergaron, frente a un poder como el imperialismo yanqui, cuyos recursos militares, técnicos y económicos, se hacen sentir en todo el mundo, la liberación de los pueblos de este continente no sería alcanzada.

El propio pueblo norteamericano, que empieza a tomar conciencia de que la monstruosa superestructura política que rige su país no es ya hace mucho rato la idílica república burguesa que sus fundadores establecieron hace casi doscientos años, está sufriendo en un grado cada vez más alto la barbarie moral de un sistema irracional, enajenante, deshumanizado y brutal, que cobra en el pueblo norteamericano cada vez más víctimas de sus guerras agresivas, sus crímenes políticos, sus aberraciones raciales, su mezquina jerarquización del ser humano y el repugnante derroche de recursos económicos, científicos y humanos de su desmesurado aparato militar, reaccionario y represivo, en medio de un mundo en sus tres cuartas partes subdesarrollado y hambriento.

Pero sólo la transformación revolucionaria de América Latina permitiría al pueblo de Estados Unidos ajustar sus propias cuentas con ese mismo imperialismo, a la vez que en la misma medida la lucha creciente del pueblo norteamericano contra la política imperialista podría convertirlo en aliado decisivo del movimiento revolucionario en América Latina.

Y si esta parte del hemisferio no sufre una profunda transformación revolucionaria, la enorme diferencia y desequilibrio que se produjo a principios de este siglo entre la pujante nación que se industrializaba rápidamente, al mismo paso que marchaba por la propia ley de su dinámica social y económica hacia cumbres imperiales, y el haz de países débiles y estancados, sometidos a la coyunda de oligarquías feudales y sus ejércitos reaccionarios, en el balcanizado resto del continente americano, será apenas un pálido reflejo no ya del enorme desnivel actual en la economía, en la ciencia y en la técnica, sino del espantoso desequilibrio que, a pasos cada vez más acelerados, en veinte años más, la superestructura imperialista impondrá a los pueblos de América Latina.

Por ese camino estamos llamados a ser cada vez más pobres, más débiles, más dependientes y más esclavos de ese imperialismo. Esta sombría perspectiva afecta en grado igual a los pueblos subdesarrollados de <199>frica y Asia.

Si las naciones industrializadas e instruidas de Europa, con su Mercado Común y sus instituciones científicas supranacionales, se inquietan ante las posibilidades de quedarse rezagadas y contemplan con temor la perspectiva de convertirse en colonias económicas del imperialismo yanqui, ¿qué le depara el futuro a los pueblos de América Latina?

Si frente al cuadro de esta situación real e incuestionable, que decisivamente afecta al destino de nuestros pueblos, algún liberal o reformista burgués, o seudorrevolucionario charlatán, incapaz de la acción, tiene una respuesta que no sea una profunda y urgente transformación revolucionaria que pueda hacer acopio de todas las fuerzas morales, materiales y humanas de esta parte del mundo y lanzarlas hacia adelante, para recuperar el atraso económico y científico-técnico de siglos, cada vez mayor, con el mundo industrializado, del que somos tributarios y lo seremos cada vez más, y en especial de Estados Unidos; y además de la fórmula, el camino mágico de llevarla a cabo, diferente a la concebida por el Che, que barra oligarquías, déspotas, politicastros, es decir: criados, y a monopolios yanquis, es decir: amos, y lo haga con toda la urgencia que las circunstancias requieren, que levante entonces la mano para impugnar al Che.

Como realmente ninguno tiene respuesta honrada ni acción consecuente que implique una esperanza real a los casi 300 millones de seres humanos que componen la población de América Latina, desoladoramente pobres en su abrumadora mayoría, que serán 600 millones a la vuelta de 25 años, y que tienen derecho a la vida material, la cultura y la civilización, entonces lo más decoroso sería el silencio ante el gesto del Che y los que con él cayeron defendiendo sus ideas con coraje, porque la hazaña que este puñado de hombres realizó, guiados por el noble ideal de redimir un continente, quedará como la prueba más alta de lo que pueden la voluntad, el heroísmo y la grandeza humanas. Ejemplo que iluminará las conciencias y presidirá la lucha de los pueblos de América Latina, porque el grito heroico del Che llegará hasta el oído receptivo de los pobres y explotados por los que él dio su vida, y muchos brazos se tenderán para empuñar las armas y conquistar su definitiva liberación.

El 7 de octubre escribió el Che sus últimas líneas. Al día siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada donde se proponía esperar la noche para romper el cerco, una numerosa tropa enemiga hizo contacto con ellos. El reducido grupo de hombres que componían en esa fecha el destacamento, combatió heroicamente hasta el anochecer desde posiciones individuales ubicadas en el lecho de la quebrada y en los bordes superiores de la misma contra la masa de soldados que los rodeaban y atacaban. No hay ningún sobreviviente de los que combatieron en las posiciones más próximas al Che. Como junto a él estaban el médico, cuyo grave estado de salud se ha señalado antes y un guerrillero peruano también en muy malas condiciones físicas, todo parece indicar que el Che hizo el máximo para proteger la retirada a lugar más seguro, de esos compañeros, hasta caer herido. El médico no fue muerto en ese mismo combate, sino varios días más tarde, en un punto no distante de la quebrada del Yuro. Lo abrupto del terreno rocoso e irregular hacía muy difícil y a veces imposible el contacto visual de los guerrilleros entre sí. Los que defendían la posición por la otra entrada de la quebrada a varios cientos de metros del Che, entre ellos Inti Peredo, resistieron el ataque hasta el oscurecer en que lograron despegarse del enemigo y dirigirse hacia el punto previamente acordado de concentración.

Se ha podido precisar que el Che estuvo combatiendo herido hasta que el cañón de su fusil M-2 fue destruido por un disparo, inutilizándolo totalmente. La pistola que portaba estaba sin “magazine”. Estas increíbles circunstancias explican que lo hubiesen podido capturar vivo. Las heridas de las piernas le impedían caminar sin ayuda, pero no eran mortales.

Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24 horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno rostro.

Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al sub-oficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, Che -que había escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero boliviano y otro peruano- viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Éste se retiró, y de nuevo fue necesario que los superiores Ayoroa y Selnich le repitieran la orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo una ráfaga del metralleta. Ya había sido dada la versión de que el Che había muerto varias horas después del combate y por eso los ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la cabeza, para no producir heridas fulminantes. Esto prolongó cruelmente la agonía del Che, hasta que un sargento -también ebrio- con un disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder contrasta brutalmente con el respeto del Che, sin un sola excepción, hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército boliviano que hizo prisioneros.

Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables enemigos tienen que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba.

La forma en que llegó a nuestras manos este Diario no puede ser ahora divulgada; baste decir que fue sin mediar remuneración económica alguna. Contiene todas las notas que escribió desde el 7 de noviembre de 1966, día en que el Che llegó a Ñancahuazú, hasta el 7 de octubre de 1967, vísperas del combate de la quebrada del Yuro. Faltan sólo unas pocas páginas que no han llegado todavía a nuestro poder, pero que por corresponder a fechas en que no tuvieron lugar hechos de importancia, no altera en absoluto el contenido del mismo.

Aunque el documento por sí mismo no ofrecía la menor duda acerca de su autenticidad, todas las copias fotostáticas fueron sometidas a un riguroso examen a fin de comprobar no sólo dicha autenticidad sino incluso cualquier posible alteración, por pequeña que fuese. Los datos fueron además cotejados con el Diario de unos de los guerrilleros sobrevivientes, coincidiendo ambos documentos en todos los aspectos. El testimonio pormenorizado de los demás guerrilleros sobrevivientes que fueron testigos de cada uno de los acontecimientos, contribuyó asimismo a la comprobación. Se llegó a la más absoluta certeza de que todas las fotografías eran copia fiel del Diario del Che.

Constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil de la escritura, lo que se realizó con la participación laboriosa de su compañera Aleida March de Guevara.

El Diario será publicado en forma aproximadamente simultánea en: Francia, por Editorial Francois Maspero; Italia, Editorial Feltrinelli; RFA, Trikont Verlag; EUA, Revista Ramparts; Francia, en español, Ediciones Ruedo Ibérico; Chile, Revista Punto Final; México, Editorial Siglo XXI; y en otros países.

¡Hasta la victoria siempre!

Fidel Castro

¿Sancti Spíritus o Camagüey? ¡Cual llega antes al medio milenio!

¿Sancti Spíritus o Camagüey? ¡Cual llega antes al medio milenio!

Por Rafael Daniel

Sancti Spíritus y Camagüey se erigen entre las siete primeras villas fundadas por los conquistadores españoles en Cuba, la primera Monumento Nacional y la segunda declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, condición a la que aspira también la Ciudad del Espíritu Santo.

 La provincia espirituana es la única del país con dos villas fundadoras, Trinidad, la tercera -después de Baracoa y Bayamo- y Sancti Spíritus, actual capital, ambas fundadas en 1514.

 Aunque no existen documentos que precisen las fechas exactas, se estima que la legendaria Trinidad fue instituida en enero de 1514 y Sancti Spíritus en junio de ese mismo año, coincidiendo con la denominada Misa del Arrepentimiento o del Pentecostés, del Padre Las Casas, aunque hasta hace algunos años se decía que había sido entre marzo y abril, la mas acertada para este redactor.

 La cercanía de los lugares en que fueron fundadas ambas, dentro y próxima a la costa sur, no da lugar a dudas para afirmar que una surgió  inmediatamente o poco tiempo después de la otra, entre múltiples razones que dejo a la consideración de los eruditos en el tema.

 Sin embargo, desde hace algún tiempo y nadie ha explicado por qué –al menos lo desconozco- se convirtió Camaguey en la cuarta villa  y se tiene como fecha nueva de fundación febrero de 1514, cuando siempre se dijo que Puerto Príncipe, su nombre original, databa de 1515.

 De la noche a la mañana Sancti Spíritus ha sido relegada a la quinta posición y como van las cosas es muy posible que muy pronto sea enviada por Remedios a la octava.

 Todo parece indicar que los conquistadores, encabezados por el Adelantado Diego Velásquez, se trasladaron desde la Trinidad, al sur, hasta el sitio original de Camaguey o Puerto Príncipe, al norte en una nave aérea, inexistente entonces, para fundar la nueva villa o bojear la isla por el oriente o el occidente para llegar hasta el sitio fundacional, porque por tierra era prácticamente imposible moverse en un tiempo tan breve. 

 Conocemos de opiniones de destacadas personalidades en la nación que comparten nuestro criterio, sin embargo, nadie se ha pronunciado para arreglar este posible error que lo único que decide es el tratamiento real de la historia.

 Aparentemente, el hecho carece de importancia, pues cualquiera de la dos tiene suficientes valores en el espectro de la vida nacional cubana, pero en un país como el nuestro donde existen hombres y mujeres de alto vuelo profesional en el tema, asociaciones como la Unión de Historiadores, entre otras instituciones, no se puede quedar algo de tan cardinal interés en la duda y sobre todo ahora, cuando se acercan el medio milenio de ambas.

 Un error histórico nunca puede se subestimado. Recordemos la famosa frase de  ¡Aquí no se rinde nadie…! que durante un extenso periodo de tiempo se le atribuyo a Camilo hasta que Raúl se encargo de poner en su lugar la verdad al afirmar que fue realmente Juan Almeida quien la profirió en un momento determinado.

 Camilo pudo haberla dicho, es cierto, le sobraba valor y entereza para ello, pero la verdad se abrió paso y la justeza encontró su camino correcto.  

 Entonces, debe determinarse de una  vez por todas un problema de tan fácil solución como este:  ¿Cual es la cuarta villa, Sancti Spíritus o Camagüey? ¿Cuál de las dos llega antes a su medio milenio?

El Flaco Pestana: un tipo fuera de serie

El Flaco Pestana: un tipo fuera de serie

Pestana en México, foto donada por el historiador Andrés Castillo Bernal

Por Rafael Daniel, publicado en www.centrovision.cu

Quizás  muchos opinen que la palabra “tipo” no sea la más correcta para caracterizar a una persona  con condiciones integrales excepcionales, vocablo amplio, pero utilizado sin exageración. Pude manejar otros, pero este me pareció el más exacto al acudir al gracejo popular para evaluar integralmente a Félix Pestana, el “Flaco”, para los más íntimos.

Hace poco más de dos años desapareció físicamente, cuando nadie lo esperaba, este destacado pintor espirituano que vio por primera vez la luz en el municipio de Yaguajay, lugar donde nacieron también destacadas personalidades como la excelsa artista de la plástica Amelia Peláez, el poeta y pedagogo Raúl Ferrer o el general Mambí Pedro Díaz

 Quizás esa coincidencia natal con tan ilustres personalidades marcó para siempre la vida del Flaco.

  Amigos desde la adolescencia, no recuerdo una sola actividad por la que haya incursionado este ilustre espirituano donde no haya tenido un proceder destacado.

 Pintor de rasgos inconfundibles, su figura trasciende entre los grandes del paisaje urbano que hace loas a la arquitectura de la ancestral ciudad de Sancti Spíritus, cuarta villa fundada por los conquistadores españoles, próxima a su medio milenio, acontecimiento al que ya hubiera dedicado una buena parte de sus obras, aunque su maestría plástica, empírica, como muchos de los grandes; ha quedado para la posteridad.

 Así, marcha tomado de la mano con los  ilustres Fernández Morera, Antonio Díaz -el irrepetible Pintor de la Ciudad-,  José Perdomo o el trinitario Carlos Mata -el conocido Pintor de la Noche- entre muchos otros que han logrado hacer del paisaje urbano su razón de ser fundamental en el maravilloso mundo del lienzo y los pinceles.

 En sus inquietudes artísticas también incursionó por la fotografía al nivel de los más significativos exponentes de la instantánea gráfica en la denominada Ciudad del Yayabo.

 Aunque la mayoría de los integrantes de las nuevas generaciones sólo le recuerdan como artista de la plástica, quiénes peinamos canas, y estuvimos entre sus amigos más íntimos, sabemos que hay mucho más en la personalidad de Félix Pestana, ese inolvidable tipo fuera de serie, quién no perdió un solo minuto en aprender todas las posibilidades que le dio su fructífera vida.

 Fue un amante y profundo conocedor del cine y a pesar de haber incursionado poco por las Artes Escénicas, fue aprobado, después de un exhaustivo análisis teórico práctico, para matricular en la Escuela Nacional de Arte -junto al que suscribe- algo que declinó porque pretendía la dirección cinematográfica y su inmadurez de entonces no le permitió evaluar que ese hubiera sido su primer paso para llegar al sueño “chaplinista”.

 Entre los jóvenes de su tiempo fue una de las figuras más prominentes en la práctica deportiva, actividad en la que le recordamos haciendo de las suyas en la cancha de basket del Instituto Preuniversitario Elcire Pérez, hoy escuela primaria Julio Antonio Mella, disciplina en la que ocupó espació en varios campeonatos nacionales.

 Hasta los últimos momentos de su vida reconoció la importancia de la práctica deportiva para cumplir el precepto martiano de mente sana en cuerpo sano, pues acompañado por su perro pastor trotaba -como un ejemplar atleta- desde su casa hasta la medianamente lejana pista, para después continuar recorriendo el óvalo hasta el distante cansancio, detalle personal que muchos aún comentan

 Para colmo de sus valores, hizo del magisterio un ejemplo vivo, respondiendo también al reclamo del Apóstol José Martí de que "…aprender a enseñar es lo más bello y honroso del mundo".

 Pestana se sitúa entre los pedagogos más importantes de la provincia de Sancti Spíritus. Aún le recordamos impartiendo clases  en la Escuela Obdulio Morales de la ciudad de Sancti Spíritus o como subdirector de ese mismo nivel de enseñanza en la Mártires del Granma, como Jefe de Cátedra y excelente profesor de Español y Literatura de la Escuela Pedagógica Rafael María de Mendive, Metodólogo del Instituto de Perfeccionamiento Educacional y lector consumado de los más disímiles textos.

No sé como se las arrreglaba para saber de todo, con temas de conversación universales, desde la literatura, el arte, la historia, pasando por el béisbol, el fútbol, el basket, hasta la quimbumbia.

 En varias ocasiones participó con inteligentes trabajos científicos en los eventos internacionales de pedagogía en La Habana, actividades que abandono por situaciones circunstanciales de la vida, a la que no escaparon algunas que otras incomprensiones.

 Amó con denuedo su provincia natal y a su nación de origen, pues aunque una buena parte de su familia se radicó en Estados Unidos, país al que visitó e  hizo varias exitosas incursiones por México, lugares donde montó varias exposiciones personales, sin embargo,  por su mente nunca pasó la más remota idea de abandonar a su querida isla de Cuba, ni a Sancti Spíritus, motivo de sus principales motivaciones.

 Hay mucho más en la vida de Félix Pestana, alguien que fue padre ejemplar, cariñoso esposo de Soledad, su pareja matrimonial de toda la vida, pues aunque no tenía los encantos de un galán tuvo también envidiables conquistas donjuanescas en su juventud.

 El Flaco también fue un excelente amigo, lo que no le impedía decir la verdad a cara a cara, con la honestidad que le caracterizaba, pues era un consumado defensor de sus principios, pero era capaz, además,  de reconocer dignamente sus desaciertos cuando se equivocaba.

 Valga este artículo para mitigar un tanto la desagradable sensación de haber pasado por alto la fecha conmemorativa del deceso, hace apenas poco más de dos años -9 de agosto del 2010- de una de las más elocuentes personalidades de la cultura –en el más extenso contenido de su significado- de Sancti Spíritus, ciudad próxima al medio milenio de su fundación.

 Con este trabajo damos inicio a otros que aparecerán sobre hechos y personalidades espirituanas de todos los tiempos que han dado lo mejor de sus vidas -en estos cinco siglos- para enaltecer a la también denominada Ciudad de los Murales.

 Mas sobre la obra de Félix Arnaldo Pestana Cabera en la enciclopedia virtual cubana ECURED)

Un justo reconlocimiento a las “Glorias Deportivas” locales espirituanas

Un justo reconlocimiento a las “Glorias Deportivas” locales espirituanas

Reciban esto como un homenaje a quiénes nunca, cuando se hable de deporte en Sancti Spíritus, deben pasar al olvido

Por Rafael Daniel

La participación de Cuba en los Juegos Olímpicos fue muy efímera en la primera mitad del siglo pasado. Sólo unos pocos integraban nuestra delegación a la magna cita deportiva mundial, por tanto, de los espirituanos… ¡Nada!

 El baskebolista Jacintón González y  la mediofondista Aurelia “Yeya” Pentón y el ciclista Inocente Lizano, se cuentan entre los primeros espirituanos en participar en Juegos Olímpicos, en la década del sesenta.

 Pero el objetivo de este trabajo no es para destacar la labor de estos prominentes atletas que lograron encumbrar el pináculo de su carrera deportiva con su presencia en JJOO.

 Se trata de distinguir a quienes, a pesar de no ser olímpicos, fueron figuras muy prominentes en el deporte espirituano de su tiempo.

 EL QUIJOTESCO CUCO

 Con entera justeza debemos comenzar por mencionar al profesor de basket Cuco Rodríguez Llorente, una de las personalidades más representativas en la denominada Ciudad del Yayabo, incluso antes del decenio de los años sesenta, aunque fue en este período en el que más se destacó.

 Recordamos a Cuco en la dura cancha de cemento del Instituto Preuniversitario Elcire Pérez –nada de tabloncillo- hoy Escuela Primaria Julio Antonio Mella. Tenía una figura quijotesca, pues era alto, delgado y un enorme bigote adornaba su noble rostro.

 Cuco siempre estaba rodeado de jóvenes atletas, entre los que se encontraban el propio Jacintón y otros, que sin desempeñarse en eventos internacionales, como este,  eran capaces de llenar el graderío aledaño a la cancha del Instituto por su extraordinario carisma: José “El Loco” García, Modesto Fons, Toný Díaz, “ “El Viejo” Benjamín, “Chucho-Sansón”, César Sorí, “El flaco” Pestana, Modesto García, quien a pesar de su baja estatura saltaba como un gamo y casi tocaba el aro, entre otros.

 Todos, o casi todos, jugaron en campeonatos nacionales, lidiando, codo a codo, con los que más brillaban en su época. Muchos procedían de escuela privadas como  Hermanos de la Salle, Academia Remington y otros colegios privados, dónde se practicaban diversas disciplina deportivas.

 CHUCHO-SANSON

 Otros destacados activistas y promotores deportivos de esos tiempos fueron José de Jesús González, hermano de Jacintón, a quien se le llamaba indistintamente “Chucho” o “Sansón”, por su imponente y musculosa figura.

 Al  polifacético “Chucho” lo mismo se le podía ver en un partido oficial de basket que en un “tres pa´ tres” a media cancha, junto a los ya mencionados y a los que se unían “Finco” Basulto y Mario “El Indio”,  entre otros. También se le veía levantando pesas o en una competencia de campo y pista lanzando la bala o el disco.

 “Chucho-Sansón” era un consumado jugador de voleibol –su deporte preferido- con tremendo poder de salto -a pesar de su impresionante peso-  y de fuerte remate, modalidad la que nos dedicábamos en esa época el que suscribe, Jorge Valdés, Eduardo “El Gordo” Meneses, Andrés “Chorizo” Emperador y el único internacional de este grupo: el emblemático Guillermo Águila, quien en una ocasión jugó en un equipo nacional que fue a Yakarta, Indonesia y ya aquello fue suficiente para llenar su ego.

 EL EBÁNICO AGUILA Y DANIEL EL BACHE 

 Águila, sin la corpulencia de “Chucho” –ambos fallecidos- era un negro alto,  fuerte, fibroso, simpático y también polifacético, pues lo mismo remataba sobre la red de voleibol, lanzaba la jabalina, que practicaba el salto alto sobre una soga o con un pértiga volaba por los aires y caía sobre un promontorio de arena, dándose unos batacasos muy fuertes de dónde salía milagrosamente ileso.

 También hizo época en su tiempo Daniel Becerra, “El Bache”, uno de los más prominentes activistas deportivos de los años sesenta, aunque aún no se le denominaba así a estos promotores, generalmente voluntarios, incluyendo a “Chucho” que era trabajador de la construcción.

 Daniel –fallecido recientemente en Estados Unidos- era de estatura media, pero con una extraordinaria definición muscular, pues practicaba lo que entonces se denominaba gimnástica, hoy gimnasia artística.

 El gimnasio estaba ubicado en un  viejo local que antes fue un templo, dentro de un terreno al que se le llamaba de La Prebisteriana, por ser propiedad de una escuela religiosa con esta denominación. Hoy se le llama el Colchón de Jaramillo, segundo apellido de un destacado profesor de judo, fallecido recientemente a edad temprana. Dentro de sus áreas aledañas, donde se jugaba béisbol,  se encuentra la heladería Coppelia de la ciudad de Sancti Spíritus.

 Aún no sé como había tantas cosas en ese reducido gimnasio: anillas, barras asimétricas, caballo de salto, barra fija, colchón de judo, bancas y otros elementos para el levantamiento de pesas, y no sé cuántas cosas más se aglutinaban en la pequeña area.

 En una parte Daniel con sus gimnastas, entre los que se encontraban su sobrino Moisés, Jesús Pita, Alberto Marín, Alberto Hernández, “Pescao”, “Jabalina”, otro, casi un niño, de nombre Ignacio, Ángelito “El Mauser” Dartayert, entre otros, mientras en otra parte guiaba el levantamiento de pesas Peralta y junto a él otros consagrados en ese deporte como “Guilermito”, “Vtico”, Máximo “El tumbador”, los Couso,  Orlando Marín, Romerito, quien también fue un excelente boxeador y muchos más.

 El colchón de judo lo presidía Carlos Alonso, quien, en ese entonces, tenía la mayor graduación en ese deporte con el cinturón azul, al igual que Pedro Guiribitey. Se contaba que habían sido alumnos de Takajama, un japonés que impartió sus conocimientos en la Sociedad El Progreso, hoy biblioteca provincial Rubén Martínez Villena.

 Este tatami fue la génesis para la formación de destacados yudocas espirituanos como Orange Marrero, Roberto Victoria Jaramillo, Valenín Lizano, Ricardo Tuero, “Tuto”, Osmundo Barbarito Marín, Luís “Partagás” y el sucampeón olímpico de Moscú-80 Rafael Rodríguez Carbonell.

 OTROS QUE DEBEMOS RECORDAR SIEMPRE

Un impulsor del deporte en aquella época, cuando apenas se contaba con el mínimo de recursos fue el villaclareño Ariel Camacho, yudoca con cinturón negro, quien estuvo al frente de la dirección de deportes en la Región Sancti Spíritus, entonces perteneciente  a la provincia de Las Villas.

 Muchos de los mencionados participaron de una u otra manera en los eventos competitivos locales organizaos por Camacho, quien aprovecho diversos escenarios para motivar la práctica deportiva.

 En el actual estadio Victoria de Girón se escenificaban competencias de atletismo donde rutilaban jóvenes velocistas como “Café”o Flores.

 Marito Paulette, con su  extraordinaria voluntad, acompañaba a Ricardo “Yénica”  Suárez –del equipo nacional-  en sus incursiones a través de decenas de kilómetros y llegó a competir en eventos nacionales con este y Capote, figuras máximas del fondo de entonces en Cuba.

 Basket y voleibol se jugaba en la cancha del Instituto, con la característica de que los asiduos del fútbol o del baloncesto formaban y competían en equipos de voleibol y viceversa.

 Recordamos también las grandes simultáneas deportivas que Ariel alentó durante jornadas nocturnas en el parque Serafín Sánchez, donde se colocaron aros móviles de basket, net de voleibol, colchones de judo, plataforma para el levantamiento de pesas, elementos de gimnástica, mesas de ajedrez, entre otros que colmaban la avidez del nutrido público en el centro de la ciudad espirituana.

 Un aparte merece una atleta para muchos desconocida: Haidé Noré, destacada pedagoga matancera radicada durante muchos años en Sancti Spíritus, quien llegó a integrar la selección nacional de baloncesto en unos juegos centroamericanos. Durante muchos años dirigió la escuela Carlos de la Torre de Sancti Spíritus. Aquí tuvo familia y aquí reposan sus restos.

 Ellos forman parte de ese numeroso ejercito de soldados desconocidos que en el mundo entero, sin tan siquiera conocerlos, se les rinde postrer homenaje, porque como dijo nuestro apóstol José Martí, Honrar Honra.

 Quizás este trabajo haya quedado incompleto, falten protagonistas  o hechos, incluso en ocasiones sólo pongo sólo su nombre o nada más su apellido y en otros sus apodos, pues acudo fundamentalmente a la memoria, pero sirva como un modesto homenaje a un grupo de Glorias Deportivas locales, precursoras de quiénes, al paso del tiempo, han integrado numerosas delegaciones cubanas a los más disímiles eventos internacionales, incluyendo Juegos Olímpicos.

 NOTA: OTROS QUE NO DEBEN PASAR AL OLVIDO

 Los que mencionamos en este trabajo se destacaron fundamentalmente en la década del sesenta, pero hubo otros que lo hicieron desde antes y marcaron también la vida deportiva de los espirituanos.

 Entonces nos vienen a la mente boxeadores magistrales como “Charolito”, “El Acorazao”, “Relampaguito”, “El Kicaro”, “Terry”, “Babosa” y peloteros como Julio “El Loco” Rojas, “Pellejo Pentón”, “Tatico” Crespo, “Violo” Moreira, Agapito Díaz, quien también fue boxeador, entre muchos otros.

Curiosidades olímpicas espirituanas y alguna internacional.

Curiosidades olímpicas espirituanas y alguna internacional.

Por Rafael Daniel

-El primer medallista olímpico espirituano fue el yudoca Rafael Rodríguez Carbonell, durante los Juegos de Moscú 80.

 

-Por primera vez en la historia de la participación de los Juegos Olímpicos en Cuba un tío y un sobrino alcanzan medalla de oro en un mismo evento: Lourdes Gourriel Delgado, sobrino de José Raúl Delgado. (Béisbol Barcelona-92)

 

-Otra de la misma familia: por primera vez un padre y un hijo logran medallas áureas olímpicas. Ellos son los peloteros Lourdes Gourriel (Barcelona-92) y su hijo Yulieski  (Atenas-04)

 

- Varios espirituanos ha tomado parte en Juegos Olímpicos en deportes acuáticos, sin embargo, todos han nacido y vivido alejados de las grandes masas de agua: Hemeregildo Palacios, Yanier Concepción,  Troadio Delgado, Maira González, Wenceslao Borroto, Horacio Cabrera y el canoísta Serguei Torres, casi todos provenientes de zonas montañosas y rurales espirituanas.

 

-Después del béisbol son los deportes acuáticos los de mayor número de espirituanos a Juegos Olímpicos.

 

Otras curiosidades olímpicas

 

El nadador estadounidense Ryan Lochte,  es hijo de madre cubana y de padre norteamericano. Lochte es campeón de los Juegos Olímpicos de 2004 en los 4 x 200 metros estilo libre, medallista de plata en los 200  estilos y campeón de los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín en los 200 metros espalda y los 4 x 200 estilo libre, además de medallista de bronce en los 400 m y 200 estilos. Fue el principal contrincante de Phelp en Londres-12. Ya acumula doce medallas olímpicas: Cinco oros, cuatro platas y tres bronces ha ganado Ryan, a pesar de coincidir como un fenómeno en la piscinas como Michael Phelp, a quiénes muchos comparan –cada cual en lo suyo- con el bólido de las pistas Usain Bolt.